19 octubre, 2013

Caimán frito y cangrejos en los Everglades de Florida


Puesta de sol en el Parque Nacional de los Everglades, en Florida

¡Bienvenidos a la nueva etapa de Eating in Spanglish! Después de un pequeño paréntesis -muy necesitado tras la publicación de De la página al plato-, estoy de vuelta con energías renovadas, y si me acompañáis, pienso seguir contándoos curiosidades y hablaros de las cosas ricas que se pueden comer por estas tierras.

Hoy os cuento mi visita a un rincón de los Estados Unidos que es realmente extraordinario, tanto por su riqueza natural como por su belleza. Además, cuenta con varias especialidades culinarias típicas que valen mucho la pena. Me refiero al Parque Nacional Everglades, una maravilla que sobrevive milagrosamente a la presión urbanística que ha devorado casi todo el estado de Florida.

Lo más llamativo de esta zona es el hecho de que es un parque natural protegido, y por tanto sirve de refugio a gran cantidad de aves y vegetación autóctona. Resulta fascinante ver en su propio hábitat animales poco habituales de ver fuera de un zoo o de un acuario, como manatíes, delfines, y sobre todo, los miles de caimaness (alligators) que campan a sus anchas por el parque. Podéis verlos tomando el sol (manteniendo las distancias, eso sí), si visitáis la zona de los pantanos.

Algunos de nuestros nuevos amigos

¿Estaré demasiado cerca? Este especimen inmenso ni se inmuta






También podéis probar la carne de caiman, que se sirve en todos los restaurantes de la zona, y la verdad es que está bastante buena. Aquí tenéis la foto de la "tapa" de "fried gator" que me sirvieron: 



Durante nuestra visita, nos alojamos en el Rod and Gun Club, un hotel histórico situado en Everglades City, que aunque está un poco cascado por el paso del tiempo, presume de haber alojado a varios presidentes (Hoover, Truman, Eisenhower y Nixon), actores como John Wayne, Brut Reynolds, Sally Field, y Sean Connery, estrellas de rock como Mick Jagger y escritores como Hemingway. ¡Un sitio con mucha solera!




Nuestro alojamiento, una casita independiente en el hotel Rod & Gun Club



El espacioso patio frontal del hotel. Foto: http://www.evergladesrodandgun.com/

Otra de las paradas obligadas en Everglades City es Triad Restaurant, donde hay que probar los blue crab o cangrejos de los Everglades. Allí podréis sentaros con vistas al mar y poneros las botas con una ración generosa de patas de cangrejo fresquísimas, recién pescadas y super sabrosas. Aquí tenéis la foto de mi plato, os aseguro que estaba de miedo.



Lo curioso de estos cangrejos es que los pescadores los cogen del fondo, les cortan una pata y los devuelven al agua; parece ser que a los pobres cangrejos les vuelve a crecer la pata posteriormente. Increíble, ¿no? 

Aparte de comer, también se pueden hacer otras mil cosas, como hacer una excursión en lancha por los pantanos 



... visitar la cosmopolita ciudad de Miami y sus playas

La famosa avenida Ocean Drive en Miami Beach, un paseo muy recomendable

La playa de Miami Beach


.. o hacer senderismo, kayak o cualquier otra actividad al aire libre que os apetezca. En nuestro caso, tuvimos la suerte de que nos visitaran unos delfines mientras paseábamos en kayak. Una experiencia inolvidable.


Por último, os recomiendo no os vayáis de Florida sin probar el postre típico, la key lime pie o pastel de lima, que está riquísimo si os gusta el sabor de los cítricos. Es uno de mis postres favoritos y muy fácil de hacer además. Aquí tenéis la receta, por si alguien se atreve.



Foto de: androidcommunity.com













26 abril, 2012

De la página al plato. El libro de cocina en España



Hoy os anuncio con mucha felicidad que se acaba de publicar mi libro De la página al plato. El libro de cocina en España, una obra a la que he dedicado varios años de investigación y trabajo. Lo ha editado primorosamente la Editorial Trea, y está ya disponible en librerías, pero si queréis comprarlo por internet, aquí tenéis el enlace a la editorial, donde podréis descargar el índice y el prólogo.
  
¿Y de qué va el libro...? Pues os cuento:

¿Qué es exactamente un libro de cocina? ¿Cuáles son las obras más significativas de la historia gastronómico-literaria española?¿Cómo se hace una tortilla de patatas sin huevo y sin patatas? ¿Es posible dar gato por liebre? Esta obra responde a todas estas cuestiones, presentando una estudiada panorámica de nuestra literatura culinaria que abarca tanto recetarios publicados como inéditos. El propósito de estas páginas es mostrar el modo en que los recetarios iluminan un punto de la historia determinado, al tiempo que nos hablan de la vida de sus autores.

Los lectores encontrarán aquí numerosos datos históricos y culinarios, entrelazados con más de ochenta recetas curiosas procedentes de múltiples textos. Desde obras de origen conventual a recetarios de la guerra civil española, pasando por libros de viaje de tema gastronómico, los primeros recetarios de autoría femenina publicados en nuestro país e incluso el primer libro de recetas publicado en español en Estados Unidos, las obras aquí presentadas varían enormemente en cuanto a su origen, estilo y propósito. Todas ellas resultan fascinantes y sorprendentes por su singularidad, además de constituir valiosas fuentes de información sobre el momento en que fueron escritas.

Sobre el libro, Miguel I. Arrieta Gallastegui ha dicho lo siguiente:

"De la página al plato es un libro serio, que trata muchos aspectos o autores desconocidos -o aspectos desconocidos de autores- y totalmente nuevos en el panorama literario-gastronómico español. El aparato crítico que maneja es sólido, y deja traslucir, además del uso técnico de ese aparato crítico, una comprensión minuciosa y detallada del mismo."

!Ya sabéis, si lo véis en alguna librería, echadle un vistazo! Y si lo leéis, me encantará saber vuestra opinión. !Soy toda oídos!

14 abril, 2012

Cena a bordo del Orient Express... o casi

Aunque no sea lo mismo que el mítico Orient Express de las novelas de Agatha Christie, en Cincinnati se puede cenar a bordo de un precioso tren de los años 50, con revisores ataviados a la manera de entonces y disfrutando del paisaje y de la puesta de sol mientras se se conversa tranquilamente.

En España, y en Europa en general, lo de viajar en tren no tiene nada de singular, pero en los Estados Unidos los viajes en tren fueron paulatinamente reemplazados por el transporte aéreo durante la segunda mitad del siglo XX, y hoy en día el viajero que desee moverse en tren por este país lo tiene francamente difícil. Son muy pocas las rutas ferroviarias que sobreviven, y en general, el tren ha quedado relegado a ser un medio para transporte de mercancías. Una verdadera lástima, la verdad, dado el encanto que tienen los trenes y su carga de referencias literarias.

En fin, a lo que iba: el Cincinnati Dinner Train ofrece la oportunidad de cenar en un ambiente retro de lo más agradable. Los vagones se han mantenido tal y como eran originalmente, y rezuman una elegancia clásica que hace que le den ganas a una de ponerse unos guantes negros largos y un collar de perlas, y de llevar en el bolso una polvera de plata para retocarse el maquillaje.

Comedor del tren. Foto de www.opentable.com

Salón privado en el tren, disponible por un módico precio.
Foto de www.yelp.com
El vagón restaurante me recordó a las grandes películas clásicas en las que los diálogos más interesantes tenían lugar en torno a una mesa de impecables manteles blancos... imaginaba a Hercules Poirot retocándose el bigote mientras barruntaba sobre algún caso y el camarero le servía otra copa más de Dom Perignon... (a falta de Dom Perignon, yo me tomé una cervecita bien fría).



El menú de la cena es servido por unos camareros la mar de correctos y profesionales, y el menú se pide al hacer la reserva, pudiéndose escoger para el plato principal entre salmón, pollo y prime rib (que se podría traducir como “costilla de ternera a la brasa”). Yo pedí prime rib, y estaba buenísima.


Y de postre, cheesecake (tarta de queso) y pastel de chocolate. Aquí los tenéis:





El trayecto dura unas tres horas, y aunque el precio de la excursión más la cena resulta algo elevado, es una experiencia muy recomendable para una ocasión especial. En definitiva, si os atrae el aire nostálgico de los trenes antiguos, el Cincinnati Dinner Train es lo más parecido a un viaje en el tiempo. Merece la pena.


Cincinnati Dinner Train. Foto de Melissa Middendorf