26 septiembre, 2011

Un año de Eating in Spanglish

Pues sí, aunque parezca mentira, Eating in Spanglish cumple hoy un año de vida. Parece que fue ayer cuando empecé este blog sin saber muy bien cuánto tiempo lo mantendría, si iba a interesarle a alguien... y de pronto han pasado 365 días, el blog va camino de las 30.000 visitas y tiene un buen número de lectores fieles (pocos pero selectos, como debe ser). Y lo más importante: sigue siendo un proyecto divertido, interesante, que me ha permitido aprender muchas cosas y compartirlas con mucha gente. En fin, no voy a seguir hablando de ello porque me podría poner sentimental y acabaría soltando alguna lagrimilla, sniff.



Como no podía dejar de celebrar la ocasión, se me ha ocurrido hacer un pastel de cumpleaños y saborearlo en compañía de mi chef particular. El pastel es en realidad una tarta de melocotones a la vainilla. Está deliciosa -aunque esté mal que yo lo diga-, así que os regalo la receta para agradeceros que estéis al otro lado de la pantalla siguiendo mis aventuras gastronómicas por estos lares. Espero que os guste; es facilísima de hacer, y de verdad que está para chuparse los dedos. Aquí va:

Tarta de melocotones a la vainilla



Ingredientes:

- Una base de masa de tarta (aquí las venden congeladas, imagino que en España también).
- 3 o 4 melocotones
- 1 cucharada sopera de azúcar
- 1 vaina de vainilla (si no tenéis vainilla en vaina, sustituid con unas gotitas de extracto de vainilla)
- 1 cucharada pequeña de Maizena

Modo de elaboración:

- Cortar los extremos de la vaina de vainilla, abrirla longitudinalmente y sacar las semillas con un cuchillito. (Son semillas muy pequeñas, se parecen a la pimienta negra.) Reservar.
- Pelar los melocotones y partirlos en trozos pequeños.
- Mezclar en un bol los melocotones con el azúcar, la Maizena y las semillas de vainilla. Mezclar bien.
- Poner la mezcla en el centro del molde de la tarta, doblando los bordes sobre el contenido.
- Poner en el horno a 230 C durante 10 o 15 minutos (hasta que los bordes adquieran un color dorado). Dejar enfriar y servir solo o a la mode, es decir, acompañado de helado.





19 septiembre, 2011

La memoria gastronómica de Maya Angelou

Todos tenemos algún recuerdo asociado a lo culinario, ya sea el sabor de las galletas de nuestra abuela o el aroma de nuestro plato favorito. Para algunas personas, la importancia de la comida es tal que pueden incluso contar su biografía desde el punto de vista de lo gastronómico, rememorando momentos importantes a través de los sabores que los acompañaron.

Este es el caso de la poeta y escritora Maya Angelou (Saint Louis, Missouri, 1928). Autora de una autobiografía hermosa e impactante, I Know Why the Caged Bird Sings (“Sé por qué canta el pájaro enjaulado”), y de varios libros de poesía igualmente memorables, su escritura es sólida, cuidada, inteligente y honesta, lo que la ha convertido una de las voces literarias más respetadas de los Estados Unidos. Hace un par de años tuve la suerte de escucharla dar una charla y leer algunos de sus poemas, y la verdad es que posee una personalidad arrolladora, a la vez que cercana y entrañable.

Angelou es también una apasionada cocinera, como demuestran su varios recetarios publicados. Hallelujah! The Welcome Table y Great Food All Day Long. Son libros en los que combina recetas con recuerdos de su vida y de las personas que han desfilado por ella. Lo autobiográfico se mezcla con toda naturalidad con lo gastronómico, resultando en obras muy personales y de amena lectura. En Hallelujah! The Welcome Table (New York, Random House, 2004) la poeta nos habla de su infancia en Arkansas junto a su madre y su abuela, de quienes aprendió no solo a cocinar, sino sobre todo a sobreponerse a la adversidad. Entre receta y receta, Maya Angelou  nos cuenta anécdotas divertidas y tiernas, desde su infancia en el Sur de los Estados Unidos en plena época de segregación racial a su vida posterior en California. Por estas páginas desfilan numerosos personajes ilustres, como la escritora M.F. K. Fisher o la periodista Oprah Winfrey, a quien conoció cuando esta era todavía era una joven periodista más o menos desconocida. La amistad entre Angelou y Oprah ha crecido con los años, hasta el punto de que el recetario está dedicado a la famosa presentadora, como vemos en la primera página:

To O, who said she wanted a big, pretty cookbook.
Well, honey, here you are.
A continuación os doy una receta que según Angelou preparó para Oprah cuando se conocieron, y que al parecer fue recibida con gran entusiasmo por la presentadora:




Smothered chicken (“pollo ahogado”)

Salen 8 raciones

Ingredientes:

- 2 pollos de 1kg. o 1.5kg. cada uno, cortados en trozos
- zumo de 2 limones
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de pimienta negra
- 125 gr. harina
- 110 gr. de mantequilla
- 100 ml. aceite vegetal
- 2 cebollas medianas, cortadas en rodajas
- 1 docena de champiñones, troceados
- 1 diente de ajo picado
- 1/2 litro caldo de pollo

Preparación:

- Lavar y secar el pollo. Cortarlo en trozos y poner en un recipiente grande con el zumo de limón y agua hasta cubrirlo. Meter en la nevera durante 1 hora.

- Enjuagar el pollo y sazonar con la sal y la pimienta. Enharinar los trozos y freírlos en una sartén con la mantequilla y un poco de aceite hasta que estén dorados. Sacarlos de la sartén y poner en un plato aparte.

- Añadir el resto del aceite a la sartén y freír la harina hasta que se dore. Añadir la cebolla, los champiñones y el ajo, removiendo constantemente.

-Poner el pollo de nuevo en la sartén, cubrir todo con el caldo de pollo (y agua, si hace falta). Cocinar a fuego medio durante 25 minutos y servir. 

Suena bien, ¿verdad? Yo aún no lo he probado, pero lo tengo en la lista de recetas a intentar. Ya os contaré cuando lo haga...

09 septiembre, 2011

Cervezas y risas


No sé si habéis observado que los chistes tienen más gracia cuando se ha bebido uno un par de cervezas. Así que, aprovechando que a la gente le apetece tanto beber como reírse, ha surgido un festival llamado Brew Ha Ha, que se celebra en varias ciudades de los Estados Unidos. Esta celebración ofrece la oportunidad de degustar más de un centenar de cervezas distintas en un evento animado por toda una legión de humoristas – o comedians, como se les llama aquí-.

En Cincinnati, el Cincy Brew Ha Ha se viene celebrando desde hace 5 años. En su última edición, los pasados 25 y 26 de agosto, los asistentes pudimos degustar la friolera de 120 cervezas distintas, mientras los 50 humoristas invitados iban desfilando por los 6 escenarios dispuestos en el recinto de Sawyer Point, en las orillas del río Ohio, para dar sus monólogos. Entre los artistas invitados se encontraban tanto nombres famosos como humoristas locales que intentan hacerse hueco en el mundo de la comedia.







En el Brew Ha Ha, la entrada al recinto es gratuita, aunque hay que pagar $5 por una pulserita que indica que tiene uno la edad legal para beber (21 añitos, que quién los pillara a estas alturas...). Los tickets para adquirir la bebida valen $1, y con ellos se puede comprar una cerveza tamaño degustación, o combinar varios tickets para comprar una cerveza grande. Personalmente, prefiero el tamaño degustación porque permite probar muchos tipos distintos.







Con 120 cervezas, podéis imaginar lo difícil que es elegir, pero el programa del festival da una lista detallada con una descripción de cada cerveza, y así puede uno orientarse un poco y decidir qué le interesa probar. Lo mejor es que la mayoría de estas cervezas provienen de microbreweries (pequeñas cervecerías artesanales), con lo cual cada una tiene su sabor y personalidad propias, según los ingredientes y la manera de elaboración empleados.



¿Mis favoritas? Reconozco que siento debilidad por las hefeweizen (cervezas hechas con trigo en lugar de malta), y también me gustan mucho las que tienen sabores afrutados. Me encantaron la Purple Haze, una hefewizen a la que añaden un toque de frambuesa, y la Pyramid Apricot Ale, con sabor a melocotón. La Raspberry Ale de la cervecería Dark Horse también contiene frambuesa y no estaba nada mal. Otra de mis preferidas fue la deliciosa Pere Jacques de la cervecería Goose Island, una cerveza estilo belga con mucha personalidad, que me recordó un poco a la Duvel. Otra birra ya clásica por aquí, la Kentucky Bourbon Barrel Ale -de la que ya os he hablado en otra ocasión- tiene un sabor y un aroma fantásticos y es siempre una apuesta segura. Ni que decir tiene que entre tanta cerveza había sabores para todos los gustos.
Por mi parte, después de catar tantas maravillas, los monólogos que escuché me hicieron bastante gracia, la verdad...