26 abril, 2012

De la página al plato. El libro de cocina en España



Hoy os anuncio con mucha felicidad que se acaba de publicar mi libro De la página al plato. El libro de cocina en España, una obra a la que he dedicado varios años de investigación y trabajo. Lo ha editado primorosamente la Editorial Trea, y está ya disponible en librerías, pero si queréis comprarlo por internet, aquí tenéis el enlace a la editorial, donde podréis descargar el índice y el prólogo.
  
¿Y de qué va el libro...? Pues os cuento:

¿Qué es exactamente un libro de cocina? ¿Cuáles son las obras más significativas de la historia gastronómico-literaria española?¿Cómo se hace una tortilla de patatas sin huevo y sin patatas? ¿Es posible dar gato por liebre? Esta obra responde a todas estas cuestiones, presentando una estudiada panorámica de nuestra literatura culinaria que abarca tanto recetarios publicados como inéditos. El propósito de estas páginas es mostrar el modo en que los recetarios iluminan un punto de la historia determinado, al tiempo que nos hablan de la vida de sus autores.

Los lectores encontrarán aquí numerosos datos históricos y culinarios, entrelazados con más de ochenta recetas curiosas procedentes de múltiples textos. Desde obras de origen conventual a recetarios de la guerra civil española, pasando por libros de viaje de tema gastronómico, los primeros recetarios de autoría femenina publicados en nuestro país e incluso el primer libro de recetas publicado en español en Estados Unidos, las obras aquí presentadas varían enormemente en cuanto a su origen, estilo y propósito. Todas ellas resultan fascinantes y sorprendentes por su singularidad, además de constituir valiosas fuentes de información sobre el momento en que fueron escritas.

Sobre el libro, Miguel I. Arrieta Gallastegui ha dicho lo siguiente:

"De la página al plato es un libro serio, que trata muchos aspectos o autores desconocidos -o aspectos desconocidos de autores- y totalmente nuevos en el panorama literario-gastronómico español. El aparato crítico que maneja es sólido, y deja traslucir, además del uso técnico de ese aparato crítico, una comprensión minuciosa y detallada del mismo."

!Ya sabéis, si lo véis en alguna librería, echadle un vistazo! Y si lo leéis, me encantará saber vuestra opinión. !Soy toda oídos!

14 abril, 2012

Cena a bordo del Orient Express... o casi

Aunque no sea lo mismo que el mítico Orient Express de las novelas de Agatha Christie, en Cincinnati se puede cenar a bordo de un precioso tren de los años 50, con revisores ataviados a la manera de entonces y disfrutando del paisaje y de la puesta de sol mientras se se conversa tranquilamente.

En España, y en Europa en general, lo de viajar en tren no tiene nada de singular, pero en los Estados Unidos los viajes en tren fueron paulatinamente reemplazados por el transporte aéreo durante la segunda mitad del siglo XX, y hoy en día el viajero que desee moverse en tren por este país lo tiene francamente difícil. Son muy pocas las rutas ferroviarias que sobreviven, y en general, el tren ha quedado relegado a ser un medio para transporte de mercancías. Una verdadera lástima, la verdad, dado el encanto que tienen los trenes y su carga de referencias literarias.

En fin, a lo que iba: el Cincinnati Dinner Train ofrece la oportunidad de cenar en un ambiente retro de lo más agradable. Los vagones se han mantenido tal y como eran originalmente, y rezuman una elegancia clásica que hace que le den ganas a una de ponerse unos guantes negros largos y un collar de perlas, y de llevar en el bolso una polvera de plata para retocarse el maquillaje.

Comedor del tren. Foto de www.opentable.com

Salón privado en el tren, disponible por un módico precio.
Foto de www.yelp.com
El vagón restaurante me recordó a las grandes películas clásicas en las que los diálogos más interesantes tenían lugar en torno a una mesa de impecables manteles blancos... imaginaba a Hercules Poirot retocándose el bigote mientras barruntaba sobre algún caso y el camarero le servía otra copa más de Dom Perignon... (a falta de Dom Perignon, yo me tomé una cervecita bien fría).



El menú de la cena es servido por unos camareros la mar de correctos y profesionales, y el menú se pide al hacer la reserva, pudiéndose escoger para el plato principal entre salmón, pollo y prime rib (que se podría traducir como “costilla de ternera a la brasa”). Yo pedí prime rib, y estaba buenísima.


Y de postre, cheesecake (tarta de queso) y pastel de chocolate. Aquí los tenéis:





El trayecto dura unas tres horas, y aunque el precio de la excursión más la cena resulta algo elevado, es una experiencia muy recomendable para una ocasión especial. En definitiva, si os atrae el aire nostálgico de los trenes antiguos, el Cincinnati Dinner Train es lo más parecido a un viaje en el tiempo. Merece la pena.


Cincinnati Dinner Train. Foto de Melissa Middendorf