14 abril, 2012

Cena a bordo del Orient Express... o casi

Aunque no sea lo mismo que el mítico Orient Express de las novelas de Agatha Christie, en Cincinnati se puede cenar a bordo de un precioso tren de los años 50, con revisores ataviados a la manera de entonces y disfrutando del paisaje y de la puesta de sol mientras se se conversa tranquilamente.

En España, y en Europa en general, lo de viajar en tren no tiene nada de singular, pero en los Estados Unidos los viajes en tren fueron paulatinamente reemplazados por el transporte aéreo durante la segunda mitad del siglo XX, y hoy en día el viajero que desee moverse en tren por este país lo tiene francamente difícil. Son muy pocas las rutas ferroviarias que sobreviven, y en general, el tren ha quedado relegado a ser un medio para transporte de mercancías. Una verdadera lástima, la verdad, dado el encanto que tienen los trenes y su carga de referencias literarias.

En fin, a lo que iba: el Cincinnati Dinner Train ofrece la oportunidad de cenar en un ambiente retro de lo más agradable. Los vagones se han mantenido tal y como eran originalmente, y rezuman una elegancia clásica que hace que le den ganas a una de ponerse unos guantes negros largos y un collar de perlas, y de llevar en el bolso una polvera de plata para retocarse el maquillaje.

Comedor del tren. Foto de www.opentable.com

Salón privado en el tren, disponible por un módico precio.
Foto de www.yelp.com
El vagón restaurante me recordó a las grandes películas clásicas en las que los diálogos más interesantes tenían lugar en torno a una mesa de impecables manteles blancos... imaginaba a Hercules Poirot retocándose el bigote mientras barruntaba sobre algún caso y el camarero le servía otra copa más de Dom Perignon... (a falta de Dom Perignon, yo me tomé una cervecita bien fría).



El menú de la cena es servido por unos camareros la mar de correctos y profesionales, y el menú se pide al hacer la reserva, pudiéndose escoger para el plato principal entre salmón, pollo y prime rib (que se podría traducir como “costilla de ternera a la brasa”). Yo pedí prime rib, y estaba buenísima.


Y de postre, cheesecake (tarta de queso) y pastel de chocolate. Aquí los tenéis:





El trayecto dura unas tres horas, y aunque el precio de la excursión más la cena resulta algo elevado, es una experiencia muy recomendable para una ocasión especial. En definitiva, si os atrae el aire nostálgico de los trenes antiguos, el Cincinnati Dinner Train es lo más parecido a un viaje en el tiempo. Merece la pena.


Cincinnati Dinner Train. Foto de Melissa Middendorf

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