07 noviembre, 2010

Un plato, mil variantes: el chili

Hace un par de semanas me invitaron a un chili cookoff (o sea, a un concurso de chili) en casa de unos amigos. Todos los asistentes llevaron su versión de este plato, que es todo un clásico de la cocina norteamericana. Desde aquí os confieso que como yo tenía ni idea de cómo hacer un buen chili, decidí no arriesgarme y opté por llevar un tocino de cielo. Pero volviendo al chili: en total, probamos once variantes distintas, todas muy ricas (en las fotos podéis ver algunas de ellas). Tras la degustación en la amplia cocina de mi amiga Angie, hubo votos y premio de un delantal al chili más votado (algo muy apropiado para la ocasión). Acompañamos la cena con cerveza bien fría, música y mucha conversación. Una vez más, la comida fue la excusa perfecta para reunirnos y pasar un buen rato. Nunca deja de asombrarme la capacidad de la comida para unir a la gente y facilitar las relaciones humanas.

El chili es un guiso del que realmente existen infinidad de versiones distintas. Es plato de cuchara, muy cercano a nuestros potajes, pucheros y cocidos. De hecho, al ponerme a buscar información sobre el origen de este plato, me encontré con una entrada en Wikipedia que afirma que el chili fue inventado por las familias procedentes de las Islas Canarias que fundaron la ciudad de San Antonio (Texas) en el siglo XVIII. Si esto es cierto, habría que señalar entonces como antecedente de este plato al puchero canario. Otras páginas relatan una historia semejante, aunque no parece haber documentación específica para apoyar esta afirmación. Lo que sí parece probado es que el plato se originó en el estado de Texas (que fue territorio español desde 1690 hasta 1821), y que de allí se extendió al resto del país. La verdad es que no dejaría de ser curioso que uno de los platos norteamericanos más tradicionales resultara ser de procedencia española.

Los ingredientes básicos de un buen chili son: carne de ternera picada, verduras y legumbres, pero existen infinitas variantes según las verduras, especias y el tipo de carne que se usen. Entre los que probé en el concurso que os menciono, los había con garbanzos o habichuelas negras o pintas, con carne de pavo en lugar de ternera, y con más o menos pimienta cayenne. El chili tiene a menudo un toque picante, especialmente si lo probáis en Texas. Suele llevar tomates, pero también puede contener zanahorias, cebollas, maíz, pimientos... En ocasiones se adereza con canela, dándole un sabor más cercano a lo dulce. En definitiva, las distintas versiones tienen cada una su personalidad definida, pero todas son reconocibles como el mismo plato, con un sabor común que los une. Por eso, a lo largo y ancho de Estados Unidos se pueden apreciar marcadas diferencias regionales en el modo de preparar este guiso. En Texas se le llama ¨chili con carne¨(así, en español) y la influencia de la cocina tex-mex se advierte en que se le pone guindilla, pudiendo ser bastante picante. En Ohio, el chili no es picante y suele llevar canela e incluso melaza. Se sirve por encima de un plato de spaghetti o se usa para aderezar perritos calientes.

En Cincinnati, el chili es considerado una de las especialidades típicas, y por ello hay numerosos restaurantes que lo elaboran. Uno de mis favoritos es Skyline (en la foto); lo tengo al ladito de casa y voy de vez en cuando. Skyline abre hasta altas horas de la madrugada, y los fines de semana alimenta a una multitud de trasnochadores que salen de los bares hambrientos y pasan por allí cuando van de retirada. Lo cierto es que una visita a esta ciudad no está completa si no se prueba el chili local, así que si venís por aquí, ya sabéis lo que no debéis perderos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

me encanta este artículo!! que razón tienes, las mejores charlas se suelen hacer en las cocinas, mientras se preparan los platos o ya alrededor de la mesa;

hasta el domingo que viene!

bsos, Raquel

Anónimo dijo...

OIDO COCINA!!!!
Me relamo con un buen plato de chili, sobre todo con este frío del mid-west!!!!
Gracias por otro texto delicioso...
La oveja parlanchina

Maria Paz dijo...

Querida ovejita,

me alegro de que el chili te ayude a entrar en calor. Salúdame al gato Félix, y mándame tu nuevo libro para hacerte una reseña, vale?

Maria Paz dijo...

Raquel, claro que sí, las charlas de sobremesa no tienen precio. Y es que los buenos sabores se asocian a los buenos momentos. Por ejemplo, qué rico estaba todo en el Lhardy este verano, ¿verdad? Besos a la family.