16 octubre, 2010

Chocolate, el verdadero oro negro

Trabajo estos días en una ponencia que daré a finales de mes en un congreso en la Universidad de Utah. Hablaré sobre la historia del chocolate y la enorme importancia cultural y económica de este producto, que desde la época colonial hasta nuestros días ha estado rodeado de un halo de exotismo y sensualidad que lo hacen irresistible. En torno al chocolate existe el mito de que es un afrodisíaco, mito que se origina desde el momento en que Bernal Díaz del Castillo, que acompañó a Hernán Cortés en la conquista de Tenochtitlán (la actual ciudad de México), relata en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España cómo esta bebida era habitualmente servida al emperador azteca Moctezuma. Bernal del Castillo lo narra así: "Traían unas copas de oro fino, con cierta bebida hecha del mismo cacao, que decían era para tener acceso con mujeres". En nuestros días, la publicidad se encarga de mantener viva esta imagen que asocia el chocolate con la sensualidad y el placer. Esto es especialmente evidente cuando se acerca San Valentín, y las tiendas se llenan de cajas de bombones de color rosa o rojo en forma de corazón. Un buen ejemplo de cómo la publicidad explota el mito del chocolate como afrodisíaco es este anuncio (en este caso no se trata de una marca de bombones, sino de desodorante). El spot es la mar de divertido, y el mensaje que transmite está clarísimo.



La llegada del chocolate a Estados Unidos se produjo a través de los misioneros españoles, entre ellos el fraile franciscano Junípero Serra, que en el siglo XVIII recorrieron California fundando misiones para convertir a los indígenas. Existen numerosos documentos que dan fe de que en esta época el chocolate era una parte muy importante de la dieta de los frailes franciscanos. Su consumo se popularizó rápidamente por todo el país, y en el siglo XIX ya era común encontrar chocolate a la taza en menús de restaurantes de postín. Hoy en día California es un importante productor de chocolate que cuenta con más de cincuenta compañías, siendo Ghirardelli la más conocida en todo el mundo. En Seattle (Washington) se encuentra la fábrica de Theo, otra compañía que hace muy buen chocolate, especializándose en tabletas de chocolate negro puro y combinaciones con granos de café, arándanos, cerezas secas, y cáscara de naranja, entre otras. El cacao que esta compañía emplea es además orgánico y opera dentro del sistema denominado "Fair trade" o comercio justo.

En EEUU, el modo más común de consumir chocolate es en forma de barrita tipo Kit-Kat o Snickers. Se comen como tentempié entre comidas para mantenerse con energía durante el día, algo imprescindible en la estresante cultura norteamericana, donde prima la productividad por encima de todo. Estas barritas fueron originalmente inventadas para el ejército norteamericano en 1937, cuando se diseñó la D Ration Bar para proporcionar a los soldados un alimento para casos de emergencia que fuera de alto valor energético, ligero de peso, y que se conservara durante mucho tiempo. El mayor reto, al parecer, era crear unas barritas de chocolate que no se derritieran fácilmente. Para ello inventaron las llamadas Tropical bars, diseñadas para resistir altas temperaturas. Durante la Segunda Guerra Mundial, alrededor de 3 billones de estas barritas se distribuyeron a las tropas norteamericanas. Desde 1940 hasta el día de hoy, el chocolate que se distribuye a las tropas de EEUU lo produce la compañía Hershey, en Pennsylvania.
Aparte de las chocolatinas, hay varios postres típicos que contienen este preciado ingrediente: en Ohio son tradicionales los buckeyes, unos bombones rellenos de manteca de cacahuete que imitan la forma de una castaña (en la foto). El contraste del chocolate con el sabor algo salado de la manteca de cacahuete no está nada mal, aunque son bastante empalagosos -nunca consigo comerme más de uno o dos-. Otro postre que tiene muchos adeptos es el llamado death by chocolate ("muerte por chocolate"), que no es otra cosa que un pastel de chocolate extremadamente denso y sólo apto para chocoholics, que es la palabra con que se designa a los "adictos" al chocolate. Y no hay que olvidar uno de los postres caseros más tradicionales, los famosos brownies, una especie de bizcocho que tiene una textura bastante densa. Un buen brownie debe mantener el equilibrio justo de azúcar y chocolate. A veces se les añaden también pepitas de chocolate o nueces picadas. Los mejores brownies que he probado llevaban además un toque de menta que combinaba a la perfección con el sabor del cacao. Delicious!

3 comentarios:

superpaez dijo...

Esos bombones de crema de cacahuete y chocolate habrá que probarlos!!

Maria Paz dijo...

Vale, tomo nota para el próximo viaje...

Claudia Tellaeche dijo...

Leì que el chocolate tiene un componente "pariente" del hachís, por eso en algunas personas produce sensaciòn de felicidad,ahah yo me pongo tan chistìn, chistìn cuando lo como!! Està muy paique esta pàgina
Un abrazazo